¿No que tan zorro?
- Rodrigo Gost
- 23 jun 2025
- 2 Min. de lectura

Vi su rostro un buen día de diciembre. Rápidamente nos enamoramos y nos embarcamos a otro país. Tomé su mano y nada pareció extraño ante nuestros ojos. Caminamos por Rio mientras nuestras risas y la música colorida nos rodeaba y animaba. El amor nos hizo cada vez que cerrábamos la puerta y el estupor se iba con cada beso. Volvíamos a Chile más enamorados y cómo un tifón consumíamos problemas y situaciones pensando en ser invencibles. Creamos rincones a lo largo de Santiago donde nos fundíamos y enraizábamos en cada abrazo. Empezamos a coleccionar recuerdos y lugares mientras nos prometíamos el amor más perfecto e inmutable conocido a la fecha. Empecé a escucharte entre tus canciones y a verte en mi ducha cuando no estabas conmigo. ¿Cuánto puede satisfacerte el amor y parecer que todo lo llena? No tuve hambre ni sueño a tu lado, vivía de besos y momentos y me alimentaba de tus caricias y visiones. Elucubramos futuros y proyectos cada uno más complejo que el otro, pero con un concepto común que era ese amor robusto e imperecedero.
Me encontraba a cada momento nadando entre nubes mientras evocaba tu rostro, obnubilado y aletargado por la sensación de saciedad con cada visita suya. La vida tenia un sabor justo entre tus brazos y la sensación de que toda una vida y mil sufrimientos tenían su recompensa por haberte conocido.
Pero no se puede vivir del amor. Llegaba esta frase meses después a desbaratarme de cuajo. Tan real e infranqueable que a pesar de mis sueños más románticos no podía evitar resquebrajarme sobre la arena al ver tu rostro serio decirlo frente a mí.
Te fuiste como es ya costumbre sin decir nada. Y si bien lo sabía no pude evitar sentir el puñal de tu ausencia lacerar mi piel. Y ahora mientras el vapor de la tetera sube por mi rostro y espero el primer café de la mañana santiaguina es cuando pienso que te extraño con cariño, pero a la vez entiendo todo. Nubes, lluvia propia del invierno capitalino a través de la ventana. Prendo la radio, suena Tracy Chapman. Yo, el gato y tu recuerdo.
Maybe if i told you the right words at the right time, you´d be mine…







































Comentarios